rosa Souvenir de St Anne's

Las consentidas de Pedralbes

A los pies del barrio de Pedralbes, al final de la avenida Diagonal en Barcelona, hay un parque poco conocido, incluso para los propios barceloneses. Es un parque temático dedicado por entero a un sólo tipo de planta, la rosa, planta valorada por sus flores desde tiempos remotos y motivo de verdadero fanatismo por parte cultivadores de todo el mundo. El parque es el Roserar o Rosaleda de Cervantes, un cuidadísimo espacio verde que es también una nutrida colección botánica dispuesta con esmero paisajístico en las faldas del cerro de Sant Pere Màrtir.

Roserar de Cervantes

Para aquellos que no pueden imaginar una rosa sin pensar en una flor roja de muchos pétalos y espinas, largo tallo rígido y escasas hojas, visitar el Roserar de Cervantes puede ser una experiencia reveladora. Se encontrarán con unas 2000 variedades diferentes de rosas de colores y tamaños de lo más variados, plantas arbustivas podadas para lucir como pequeñas matas, trepadoras colgando de arcos y pérgolas, rosales de pie alto y mini-rosales con sus mini-rositas, plantas con pocas flores solitarias y plantas con flores agrupadas en pomposos corimbos. Hay rosas de tantos pétalos que pronto nos cansaríamos de contarlos y rosas que por su arquitectura tan simple apenas se parecen a esa rosa mediática que suele venirnos a la mente cuando nos tropezamos con ellas en canciones, poemas y reclamos de productos de limpieza. Pero hay que decir que las rosas silvestres, las verdaderas rosas por decirlo de algún modo, son flores bastante simples de cinco pétalos y muchos y vistosos estambres. Rosas cuya austera belleza no ha sido superada, al gusto de esta bloguera, por ninguna de las rosas “engordadas” de los jardineros hibridadores. El lector podrá formarse su propia opinión después de una visita a la Rosaleda donde podrá comparar los híbridos con los rosales silvestres, también llamados rosales botánicos y origen de los híbridos cultivados. Todas las demás rosas son producto del cultivo, del cruzamiento, de la hibridación tozuda llevada a cabo por los empeñosos cultivadores de rosas.

Rosa bracteata
Rosa bracteata. Rosal botánico originario de Asia.

El parque tiene una ruta didáctica, con una variedad de ejemplares asombrosa para un parque público. La colección está dispuesta a lo largo de un recorrido sinuoso que simula un viaje a través de los distintos continentes, representando a cada uno los rosales silvestres que crecen cada región y los híbridos más antiguos obtenidos de estos rosales originarios. Hay que decir que la información no siempre es de fácil decodificación para los no iniciados. Pero aunque se nos escapen las diferencias entre una rosa de David Austin y una Bourbon, o entre las polyanthas y las floribundas, paseando entre estos arbustos de flores olorosas y espinas peligrosas, nos enteramos de que las rosas cultivadas tienen, por ejemplo, un autor reconocido y una fecha y país de nacimiento. Cada rosal está catalogado e indicados su nombre y autor en un pequeño cartel ubicado a los pies de la planta. El nombre del autor corresponde al obtentor, es decir, aquel jardinero que obtuvo la variedad y quien eligió a su vez un nombre para el nuevo rosal, que puede ser el nombre de un personaje importante, un mecenas, una ciudad o una característica de la planta como el color de las flores o su forma.

Rosa Popcorn
Rosa Popcorn. Obtentor: Morey. EEUU, 1973.

Los rosedales y jardines de rosas tal como los conocemos hoy nacieron en cuna de oro, en los parques de los palacetes y villas de la Europa del siglo XIX. Son jardines que requieren cuidados constantes, podas periódicas, abonos especiales, curas y tratamientos para prevenir y combatir las enfermedades y plagas típicas del rosal. Se dice que el primero de los rosedales fue aquel admirado jardín de rosas que tuvo Josefina Bonaparte en su palacio de Malmaison. Para embellecer los parques de Malmaison y enriquecer su colección de plantas exóticas y rosales novedosos, Josefina financió botánicos y jardineros, pintores y aventureros que la proveyeron con ejemplares de lugares lejanos. Como resultado de un ingente desembolso de dinero, Josefina llegó a tener unas 250 variedades diferentes de rosas, además de todo tipo de plantas y animales exóticos. Uno de sus horticultores destacados, André Dupont, fue quien empezó a practicar la hibridación controlada para obtener nuevas variedades. Esto es, polinizar artificialmente un rosal con una variedad o especie diferente para obtener un nuevo tipo de rosa. Un trabajo que, en resumidas cuentas, viene a responder al antojo o al capricho humano de embellecer la belleza.

Souvenir de St Anne's
Rosal de Bourbon ‘Souvenir de St Anne’s’. Obtentor desconocido, 1916.

Tal vez todos los rosedales conserven ese aire de extravagancia aristocrática de aquel jardín de rosas de la emperatriz Josefina. También el de Barcelona, una ciudad que ha hecho de la “plaza dura” un sello distintivo y que procura el ahorro de agua cultivando especies resistentes a la sequía en sus espacio públicos. No así en su rosaleda, que exhibe un césped impecable y gran cantidad de plantas de profusa floración en primavera y verano y requieren una buena cantidad de agua.

Intimidados, quizás, por la cercanía de las mansiones-fortaleza, por el silencio sospechoso del barrio de Pedralbes, los barceloneses no lo tienen por paseo habitual ni como destino preferido para los paseos de fin de semana. Pero lo cierto es que la Roserar de Cervantes es un parque accesible y hermoso. Un parque, es cierto, que hay que recorrer con el cuidado con el que recorremos un museo, por lo delicado de la colección de plantas. Pero también un parque donde podemos pisar el césped y acercarnos a las flores para probar los distintos aromas, como si nos encontráramos en el jardín de una casa particular. Las vistas de la ciudad de Barcelona son espectaculares y el terreno en pendiente ha facilitado la creación de diferentes espacios o rincones dentro del parque: las pérgolas, el Jardín de los Perfumes o la Plaza de los Robles. Sólo me resta recomendar a los barceloneses que se acerquen a su Roserar , que lo disfruten, lo valoren y presuman de él.

Pérgola. Roserar de Cervantes.
Para hacer un recorrido virtual por la rosaleda, haz click en la imagen de arriba.
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4 comentarios en “Las consentidas de Pedralbes

  1. que divino lugar,la rosa quizás como ninguna otra flor, tiene una relación muy profunda con el alma humana.
    Ya quisiera,estar allí para sentir todos sus perfumes. Gracias por el paseo y toda la información.

  2. no sabía que existían las rosas silvestres, me reconcilió un poco con esa rosa medio antipática , la “mediática” como decís vos -aunque qué bien retratada en el principito, justamente gracias a esa cosa medio envarada y presumida (y ahora que pienso, tb en alicia tras el espejo, aquel jardín de rosas antipáticas… se ve que despiertan eso, no? cierta antipatía por la antipatía. me encantó el post, ya extrañaba, y qué bien escrito, che (perdón por el abuso de los localismos rioplatenses).

    1. Andrea, qué bueno que te gustó el post. Y ¡tenés razón! el lado antipático de la rosa “consentida” está muy bien retratado en los libros que comentás, qué genial. Hay un montón de rosales silvestres, todos del hemisferio Norte. Tal vez el más conocido es la rosa mosqueta. En las pérgolas del Rosedal del Prado hay una que si no es la Rosa bracteata (ver foto arriba) le anda rozando. Y ¡vivan los localismos!

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