La química del otoño

Me cuesta empatizar con las imágenes melancólicas del otoño. Sobre todo cuando se trata de otoños luminosos, de días soleados. Muy al contrario de la discreción del melancólico, los colores que encienden los árboles en esta época me remiten más a la alegría estridente que a la nostalgia. Como dice una amiga, los árboles en otoño “son el consuelo que nos dieron los dioses por arruinarnos la vida con este invierno, frío, gris”.

Ya sea que inspiren la introspección, la gratitud pagana o la alegría escandalosa, los árboles son ajenos a lo que provocan. A salvo de las impredecibles emociones humanas, tienen motivos más urgentes que los de la exhibición: deshacerse de sus hojas de la mejor manera posible.

Follaje Otoño Fresno

Colores escondidos

Los días más cortos son el indicador de que ya es tiempo de cerrar la cocina. Se acabó la fotosíntesis hasta la próxima primavera. Como los árboles ya no van a fabricar alimento (los azúcares producto de la fotosíntesis), la clorofila ya no es necesaria y estos dejan de producirla.

La clorofila que estaba en las hojas se degrada y éstas pierden su característico color verde. De este modo quedan en evidencia otros pigmentos, que aunque estaban presentes en las hojas, permanecían enmascarados por el verde de la clorofila, más abundante. Estos pigmentos pertenecen a los grandes grupos de los Carotenoides y los Flavonoides y son los responsables de los colores amarillos y anaranjados del otoño.

Otoñantes felices

 

El misterio de las hojas rojas

El rojo otoñal de algunos árboles como los liquidámbares y los arces japoneses tiene otro origen: los pigmentos del grupo de los Flavonoides llamados antiocianinas. A diferencia de los compuestos responsables de los amarillos y los anaranjados, las antocianinas no están presentes en las hojas verdes y se producen durante el otoño. Este hecho ha llamado la atención de los científicos, quienes todavía no se ponen de acuerdo acerca de una posible función de las antocianinas, si la hubiera.

Algunos atribuyen a las antocianinas la función de repeler ciertos insectos hervíboros, mientras otros les asignan una capacidad fotoprotectora que facilitaría el proceso de recuperación de nutrientes que se produce durante el otoño. Otros incluso sugieren una posible capacidad alelopática de las hojas caídas, que evitaría la germinación de semillas -y en consecuencia de competidores- en los alrededores de los árboles.

Como sea, lo que sí sabemos es que las noches frías y los días soleados estimulan la producción de antocianinas y contribuyen a enrojecer los otoños. Como resultado y según mis propios cálculos, también aumentarían los niveles de serotonina en algunos humanos del gran grupo de los otoñantes felices.

 

Fantástica infografía de Compound Interest, muestra de forma sintética los compuestos responsables de la coloración de las hojas de otoño.
Fantástica infografía de Compound Interest, muestra de forma sintética los compuestos responsables de la coloración de las hojas de otoño.
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3 comentarios en “La química del otoño

  1. El relato acabó muy rápido. Me quedé entusiasmada y cin ganas de otoños. Pero lo que más me gustó fue el smily de hojas. Es que me hizo reír mucho

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